Soy un bicho raro. Alguien me dijo una vez que era el estereotipo del no estereotipo de estudiante de ingeniería. No entendí si era un elogio, una crítica o una simple descripción entomológica.
Neuquén está en un valle y por eso las calles tienen pendiente, subidas y bajadas que la convierten en una ciudad muy divertida para andar en bicicleta o para que te lleven en auto cuando sos chico (de grande me di cuenta que andar en auto es aburridísimo).
Tengo recuerdos borrosos de ir en auto (o en camioneta) con mi vieja al volante. Recuerdos de adrenalina pura.
Tengo una extraversión que juega a las escondidas. En general tiene buenos escondites y puede pasarse dias inhallable, inmóvil y silenciosa en su camuflaje de rutinas. Pero cuando algo le llama mucho la atención, el escondite se vuelve demasiado incómodo o le dan ganas de hacer pis, aparece corriendo por un costado, grita piedra libre para todos mis cumpas y se pone a bailar y a cantar desafinado en la vereda luego de tocar la pared. Lo más gracioso es que, generalmente, ya no hay otras extraversiones o personalidades jugando porque se ha hecho tarde y sus madres, desde la ventana y con ruleros en la cabeza, las fueron llamando a comer.
Para darse un abrazo caracol hace falta, antes que cualquier otra cosa, muchas ganas de abrazarse; tantas ganas, que son necesarias muchas personas. Las personas y sus ganas se toman de las manos formando una ronda tan grande como los brazos permitan sin soltarse, preferentemente riéndose y con circularidad algo imperfecta. Cuando la ronda está lista y la risa lo invadió todo, alguien suelta una mano y a la voz de ¡abrazo caracol! comienza a girar por la parte interna de la ronda sin soltar la mano que aun lo une al grupo, iniciando un espiral que se cierra hacia el centro, y segurirá cerrandosé hasta que no se pueda girar más. En ese abrazo colectivo, somos un solo ser enredado en cariño.
Cuentan que la humedad cordobesa lo tiene cerca del nocaut, y que el exceso de asados lo va a privar del respeto de su padre vegetariano. Sucio y colesteroso, Tin no se olvida de l@s tában@s y vuelve con un aporte: una entrevista a Xtian, autor de Puto y Aparte.